Un otoño muy caliente

Lógicamente no somos un equipo de meteorología, ni predecimos con cabañuelas el futuro térmico del país, no, este comentario va del reverdecer de las algaradas que ya llenan nuestras calles, de reclamaciones ciudadanas, de despertares. Caldeado, sí muy caldeado parece el ambiente.

Después de un tiempo de silencios en el que las voces individuales y los comentarios de terraza dejaban de manifiesto la cada vez más difícil situación económica, política y social de este país nuestro, no se si por manipulaciones, por intereses ocultos o por sabe Dios que causas, la puerta se ha abierto y la gente, deseosa de ser oída, va saltando a la calle. Así todos los gobiernos central y autonómicos, ya no pueden hacer que no saben, los ciudadanos están exigiendo pancarta en mano el cumplimiento de promesas incumplidas, de derechos manipulados y de obligaciones que corresponden a unos cargos que no parecen merecer los elegidos.

La guerra de los Partidos en unas previas demasiado alejadas del momento de la verdad, ha dejado al margen el buen gobierno y la sanidad,  educación, vivienda, los derechos laborales…. Han pasado a un segundo plano para ellos; solo interesa descabalgar al otro, y de paso asegurar su propio futuro.

Líderes que no lo son, muñecos de marketing que actúan se mueves y viven según marcan los asesores, parecen ignorar la realidad de una sociedad en quiebra, en la que los límites de pobreza avanzan y el techo de los que se enriquecen demasiado deprisa para ser admirados por su triunfo, asciende vertiginosamente.

En Madrid capital, las calles comienzan a llenarse de pancartas reivindicativas de todos los rincones de España y todos los oficios conocidos, pero hay una reivindicación que nos afecta muy directamente a los madrileños, LA SANIDAD.

Cuando hace dos años sufrimos lo que todos ya hemos analizado mil veces, en el gobierno de Madrid se destaparon muchos agujeros, pero el más evidente fue la falta de profesionales de la sanidad; se cubrió el momento con contratos temporales y una vez superado, se volvió a la situación previa a la pandemia, de nada sirven las grandes estructuras hospitalarias, si no hay profesionales que atiendan los servicios sanitarios.

Y según dicen, desde la Consejería de Sanidad, no hay médicos para contratar, ¿de verdad esperan que creamos esa afirmación?, ¿creen realmente que protegen la salud de los ciudadanos abriendo servicios que no sirven y trasladando a los profesionales de un lado a otro con lo que desarreglan lo que medianamente funcionaba?, seguro que saben que esa no es la solución, pero endiosados como están por una mayoría que puede dejar de serlo, hacen que el objeto a gestionar, la sanidad, pase a ser motivo de conflicto y angustia diaria para miles de familias, ya sean de trabajadores de la sanidad, como principalmente de usuarios.

Así la situación en este específicamente comunitario y en el resto de conflictos laborales, a los votantes de ayer y mañana solo les queda en el hoy saltar a la calle y dejar patente su descontento.

Y no olvidemos que la precariedad  hace sea la emigración la única salida digna para nuestros profesionales de la sanidad y de todo el espectro laboral.

Ningún político debería olvidar que hay un motor que ha movido la historia de la humanidad y es el hambre y el hambre de pan y justicia esta creciendo de manera incontrolada en nuestra sociedad.

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