Un verano caliente en exceso, por los terribles incendios que han devastado nuestro país, cuanta negligencia oficial y privada nos lleva al desastre del que nunca escarmentamos, y más aún, por la evidencia de que andamos como perro sin amo, sin padres de la patria que nos animen a seguir, que nos den animo para progresar, que nos sirvan de ejemplo para una buena convivencia.
Aquí siempre se ha leído poco, se ha presumido de más y se ha ido tirando al trampeo (recordemos que es el único país que tiene entre sus glorias literarias la novela picaresca), pero mal que bien se iba tirando porque si algo somos es lo que en argot popular se denomina “pasotas” y sobre todo de la política, ahí están nuestros próceres para que cumplan, que con votar cada X tiempo, si es que se vota, ya se ha cumplido.
En esa dejadez hemos vivido hasta que como en nuestros montes, las malas hierbas, el fuego dialéctico, las malas artes han incendiado nuestra vida política asquerosamente convertida en un “tu más” que nos deja a la vista toda la podredumbre del ser humano entre aquellos que erróneamente encumbramos a la gloria.
Y si las imágenes terribles de decenas de incendios y de ciudadanos luchando por salvar lo que puedan de unas economías maltratadas oficialmente, abandonadas, pero que son su modo y medio de vida, mientras vemos luchar contra las llamas a aquellos que “para eso están” dirá el vulgo, el otro incendio, el verbal, el de las cloacas sale al exterior, el de aquella celebre frase de Pujol “yo soy el árbol y si me agitan caerán los frutos de sus ramas”, del 3 por ciento que nos asombró, ahora eso son migajas, ese incendio del ambiente social y político, nos está consumiendo, porque está acabando con la fe en la democracia, la verdad y la verdadera libertad, esa que nos permite caminar seguros sin miedo a nuevos choques, nombramientos, destapes, denuncias, prohibiciones absurdas y normas mil que nos hacen tropezar cada día.
Ha llegado septiembre, para muchos sigue siendo el comienzo del año que nos volvía a las aulas, comienza a moverse la clase política y dicen que nos traen novedades importantes, quizás sea que el descanso estival ha hecho comprender que un país no funciona sin presupuestos durante tres años, o que oposición no es destrucción, o que el diálogo con base para ofrecer alternativas debe ser posible, incluso puede, no se yo, que los comepatrias decidan luchar por ella democráticamente.
Y mientras se calientan motores allá en lo alto, en la tierra media, los humanos pagan la luz mas cara, pagan libros y material escolar que deberían ser gratuitos, revisan los plazos e hipotecas olvidadas unos días y se sumergen en la rutina, en los divorcios de cada año al regreso de una convivencia forzada, en el temor a no llegar a fin de mes y la esperanza de un subsidio legitimo que parece no llegar por aquello de la burocracia.
El fuego invisible de esta España nuestra este incontrolado, ¿seguiremos mirando las llamas sin más?, ¿Qué hace falta para que despierte en nuestra sociedad la necesidad de una limpieza profunda de modos, maneras y hechos?
Dicen en el mundo del toro, al salir del patio de caballos “que Dios reparta suerte”, mucha suerte divina vamos a necesitar, y mas voluntad humana de luchar por una auténtica libertad, solo alcanzable con el deseado ejercicio de la democracia.
