Aquí ahora no se dice nada nuevo, es solo una reflexión y recordatorio necesario, un mínimo análisis del hoy que puede empeorar mañana.
La crispación social va en aumento, no hay duda. La mala gestión de los diferentes gobiernos, el enfrentamiento continuo de los lideres políticos y los desgraciados acontecimientos no solo naturales, con lo que nadie puede luchar, aunque sí prevenir y gestionar, o los accidentales, causa de dejadez y mala gestión en casi todos los casos, todo ello lleva a la masa social a una situación de inseguridad creciente y lo que es peor, a un permanente estado de irritación.
No caben excusas, cuando la dirección fracasa o se reconocen los fallos o no se buscará solución alguna. Las estadísticas dan cifras, la realidad del día a día en la calle es otra.
El poder adquisitivo de la población ha ido cayendo sin freno, los salarios no llegan para cubrir necesidades básicas en muchos casos y los niveles de pobreza real son alarmantes, este es el peor de los males, porque si la vida diaria queda medianamente cubierta, la capacidad de análisis y crítica se relaja y se hace con un control pacífico y real, pero si la situación individual se hace crítica, se busca sin remedio un culpable y contra él se dirigen las iras y los traumas personales.
De nada sirve que otrora se consiguieran avances sociales si hoy el retroceso es evidente. Repetir una y mil veces que la carestía de la vida, la vivienda, el problema migratorio, la privatización de servicios públicos… están en caída libre de nada sirve, ni denunciar la mala gestión de políticos que han hecho de su deber un medio de vida cómodo que hay que preservar a toda costa, el país está en crisis, y nadie es capaz de enderezar la situación enfrascados en su autoestima falsa como están.
Con este panorama, aquellos que hacen del poder y la fuerza su fin han encontrado tierra de abono y siembra. Nuevas generaciones educadas en el bien propio y no común, ven en ellos la solución de futuro, son los que a diario repiten que el camino andado fue un error y habrá que retroceder en demasiadas cosas, que mantener el estado de bienestar les perjudica, que la sanidad universal es una estafa y la integración migratoria un peligro. Y con estas premisas y recuerdos de grandezas que no lo fueron llenan cabezas y azuzan hogueras no solo de los que no vivieron tiempos peores, sino de los que en su día lucharon por salir a un mundo mejor y solidario.
Los que deberían hacer frente a la nueva ola ideológica, están inmersos en luchas internas que solo tienen como fin su permanencia y el logro del poder. Han fracasado, les dimos cancha para un buen partido y no supieron utilizar las normas para avanzar, sino que las manipularon sin control para medrar. Un fracaso doloroso para muchos, un desastre social para todos.
Y mientras la bola del desanimo y la radicalización crece, las élites del país, incapaces e ignorantes de como cuando y donde actuar para una buena marcha, continúan su juego de tronos y alimentan con ello la carcoma.
